En 2020 tenía una tienda online de impresión bajo demanda, montada con WooCommerce. Tú pones el diseño y una fábrica imprime cada pedido y se lo envía directamente al cliente.
Llevaba un par de años vendiendo mochilas, zapatillas y mantas personalizadas, casi todo a Estados Unidos. Los clientes me llegaban por Google, con SEO y Google Shopping.
Un día, mi proveedor de siempre en China empezó a fabricar mascarillas. Las subí a la tienda.
Eran de tela, personalizadas con el nombre o el diseño que quisiera el cliente, y con un bolsillo para meter el filtro. Costaban unos 29 dólares con cinco filtros de carbón activado incluidos. No eran quirúrgicas ni FFP2, que entonces escaseaban y hacían falta en los hospitales.
Me las compraba gente que quería su nombre o su diseño en la mascarilla, y también empresas, para regalárselas a sus clientes.
Poco después entraron once pedidos de mascarillas en un solo día. Tres días más tarde, veinte.
En 2020 la tienda facturó más de 100.000 €. Facturar no es ganar: de ahí salían la fábrica, los envíos, los anuncios, las comisiones y, con el tiempo, dos sueldos.
Nunca subí el precio. Hacía descuentos a quien compraba muchas y, con el tiempo, lo bajé hasta unos 17 dólares.
Muerto de éxito
Los diseños personalizados, los pedidos y los correos los llevaba yo, a mano. Trabajaba hasta la madrugada y no tenía vida.
Estaba muerto de éxito.
Llegó un punto en el que o me ayudaba alguien o no podía seguir. Colapsé.
Contraté a un diseñador a jornada completa y a una asistente de Filipinas.
Entonces llegaron los dos pedidos más grandes que he tenido nunca, de 8.000 y 20.000 dólares, pagados con tarjeta. Uno era de un concesionario de coches que quería las mascarillas con su logo. El otro, de una abogada que quería regalárselas a sus clientes.
Yo no hablo inglés con soltura, así que fue mi asistente quien llamó por teléfono a la abogada. Era un pedido enorme y no quería cagarla.
Tuve problemas con los envíos, tuve que cambiar de proveedor y perdí bastante dinero por el camino.
Los filtros sueltos
También vendía filtros sueltos, para cuando se gastaran los del pack. Casi nadie los compraba: en junio de 2020, por cada setenta mascarillas salía un solo paquete de filtros sueltos.
Lo que se vendía era la mascarilla con sus cinco filtros dentro. El cliente no tenía que pensar en nada más.
Alex Hormozi habla de algo parecido en $100M Offers: pensar qué va a necesitar el cliente y ofrecérselo junto. Yo entonces no lo había leído. Lo hice así porque me parecía lo lógico.
Si vendes algo que necesita otra cosa para usarse, inclúyela desde el principio.
Vendí la tienda
Con las vacunas y el fin de la obligación, las ventas fueron bajando. Seguí vendiendo un tiempo, pero ya no esas cantidades, y al final vendí la tienda. Siempre puedo montar otra.
De todo aquello me quedo con dos cosas. En tiempos difíciles también se puede hacer negocio, sin hacer nada raro: mi proveedor fabricaba mascarillas, la gente las necesitaba y yo las vendía a un precio que nunca subí. Y la otra: tendría que haber contratado antes de colapsar.
La comunidad
Hoy, con la IA, no hace falta saber tanto como sabía yo de WooCommerce para montar una tienda.
En Negocios Online con IA, mi comunidad en Skool, enseño paso a paso cómo montar una tienda online con IA, aunque no sepas diseñar ni programar, y cuento la mía con cifras reales.



